«Soy el jefe», expresó el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al resto de líderes del G7, al llegar al tercer día de cumbre en Evian, en los Alpes franceses.
La sesión de trabajo consagrada a «relanzar un crecimiento económico equilibrado» estaba a punto de empezar, cuando Trump irrumpió en la sala, con sus homólogos del G7 y de los países invitados, como el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, ya sentados alrededor de la mesa.
El magnate de 80 años se detuvo brevemente al final de la mesa y soltó: «I am the boss» (Soy el jefe), antes de tomar asiento con una amplia sonrisa a la derecha del anfitrión, el Presidente francés, Emmanuel Macron.
La declaración provocó algunas risas. Donald Trump aprovechó el momento para estrechar la mano de Macron, quien le preguntó en inglés cómo estaba.
Desde su llegada el lunes a Evian, Trump se ha mostrado más bien conciliador, mientras sus pares se esforzaban en agasajarlo.
Más conocido por boicotear los comunicados conjuntos o denunciarlos tras firmarlos, como hizo una vez en Canadá durante su primer mandato, esta vez incluso aceptó ratificar uno sobre Ucrania.
Esta declaración, que llama a aumentar la presión sobre Rusia, celebra asimismo el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, «obtenido bajo el firme liderazgo del Presidente Donald Trump».
El jefe del gobierno alemán, Friedrich Merz, regaló al presidente de Estados Unidos, cuyo abuelo paterno nación en Alemania, una camiseta de la Mannschaft con su apellido y el número 47.
Y, Trump aceptó la invitación de Macron de prolongar su estancia en Francia con una cena este miércoles en el Palacio de Versalles, cerca de París, un decorado suntuoso como tanto le gustan.



